Día Internacional de la Mujer: Cándida Granda

 

La figura de Félix Granda (1868 – 1954) es bien conocida como fundador de la empresa Talleres de Arte en la que, como director y también como artista, materializaría algunas de las obras de arte sacro más destacadas de nuestro país en el siglo XX. Queda, sin embargo, en la sombra, casi en el anonimato, la figura de una persona estrechamente unida a su labor, cuyo trabajo a su lado fue clave en la vida de los Talleres de Arte. Esta persona fue Cándida Granda y Buylla, cuya figura queremos rescatar hoy para rendirle un pequeño homenaje en el Día Internacional de la Mujer.

Diez años menor que su hermano, animó e impulsó económicamente junto a su marido Santiago Sampil los primeros pasos en la carrera artística de Félix Granda, ayudándole en el establecimiento de la primera sede de la empresa, en el Hotel de Las Rosas, hacia 1904. Al quedar viuda y sin hijos en 1912, dedicará su vida al cuidado de su hermano y a la atención de la empresa. Así queda patente en la primera acta del Consejo de Administración de Talleres de Arte, en el momento de constituirse como Sociedad Anónima en 1913, en la que es nombrada Secretaria de Dirección.

En esta fotografía, tomada hacia 1913, posan de izquierda a derecha Félix Granda, Cándida Granda y, probablemente, Manuel Serra Lugo-Viña, quien fue administrador de la empresa. Están delante del estudio de pintor, el característico edificio de las columnas. Cándida Granda ejercía entonces el cargo de secretaria de dirección.

Sin embargo, lejos de limitarse a las tareas de dirección y administrativas, el trabajo de Cándida debió tener también una fuerte componente artística, difícil hoy de deslindar de la propia actividad de su hermano. Así lo reflejaba la Sociedad de Excursionistas en su Boletín tras una visita al Hotel de Las Rosas, sobre la que relataba cómo “una vez pasados los umbrales, las bellas hermana y sobrinas del Sr. Granda nos acompañan en nuestra visita explicándonos amablemente cuanto vamos viendo. Estas señoras que son, además, verdaderas artistas, auxilian al dueño de los talleres pintando, dibujando o esmaltando las obras de arte que salen de sus manos.”

La autoría artística de los dibujos y las obras de los Talleres de Arte, cuyo Director encontraba muy inspirador el anonimato de las piezas medievales que el Romanticismo dotó de una connotación espiritual, supone un verdadero quebradero de cabeza para el investigador de hoy, que rara vez encuentra en las obras una firma o una clara atribución. Por ello, probablemente nunca lleguemos a conocer la relevancia de Cándida como artista. Los datos son, no obstante, bastante elocuentes, y nos hablan de una mujer inclinada al arte, aficionada no sólo al dibujo, sino también a la fotografía, y que debió dirigir personalmente el taller de Joyería del que salieron algunas de las obras más importantes que fabricaron los Talleres.

En el Archivo de la Fundación Félix Granda se conserva un grupo de fotografías realizadas por Cándida Granda, como muestra el tampón de esta imagen. La fotografía, que gracias a los avances técnicos se populizaba en estos primeros años del s. XX, fue considerada desde sus inicios una actividad “apta” para las mujeres, lo que dio pie a que muchas encontraran en ella un cauce para la expresión artística que les estaba vedada en otras áreas.

Al enfermar Félix Granda y morir en 1954, se hace cargo de la dirección de la empresa, que pronto pasarán a ser nombrados Talleres de Arte Granda en honor a su fundador, y de los que ostentará el cargo de Presidenta hasta su fallecimiento en agosto de 1959. La necrológica publicada en ABC diría que “gracias a la labor de los hermanos Granda fue posible una renovación del arte religioso (…). Ella destacó más en las labores de joyería y orfebrería, y bajo su dirección personal se fabricaron las coronas que engalanan en todo el país las imágenes patronales de la Virgen.” Dos años antes se le había impuesto la cruz Pro Ecclesia e Pontifice, en reconocimiento a su labor y a la de su hermano.

Aunque no sea una fotografía de retrato típica, hemos escogido ésta para recordarla porque ilustra aquellos años en que Félix Granda comenzaba su andadura como artista. En ella, Cándida, muy joven, posa como modelo para una de las pinturas sobre la vida de la Virgen de la capilla de las religiosas de María Inmaculada (Madrid) que Félix Granda pintaría de su propia mano.

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BIBLIOGRAFÍA:
DIAZ QUIRÓS, G., “Talleres de Arte y el diseño de espacios interiores para lo sacro”, en FERNÁNDEZ GARCÍA, A. M., Decoración de interiores. Firmas, casas comerciales y diseño en Asturias 1880 – 1990, Septem Ediciones, Oviedo, 2012.
GRANDA Y BUYLLA, F., Talleres de Arte, Imprenta de Blass y Cía., Madrid, 1911.

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