La pieza del mes: 100 años de la custodia de la Adoración Nocturna de Madrid

 

Custodia para la Adoración Nocturna de Madrid – 1914. Talleres de Arte – Director Félix Granda. Archivo Fundación Félix Granda.

[Entrada publicada originalmente en el blog de la Fundación Félix Granda: fundacionfelixgranda.org/wordpress ]

Cien años atrás, en el Madrid del mes de julio de 1914, en los días en que llegaban las noticias lejanas sobre los sucesos que pronto desencadenarían la Gran Guerra en Europa, tenía lugar en los jardines de los Talleres de Arte de don Félix Granda y Buylla una agradable fiesta veraniega. El motivo de la reunión era la entrega de las joyas y metales preciosos que la Adoración Nocturna había recabado para construir una custodia, y que se contarían y fundirían a lo largo de la tarde ante los asistentes.

La descripción del histórico momento que hizo “El Siglo Futuro”, en sus páginas del 6 de julio, es particularmente evocadora. El corresponsal, que asistió personalmente al evento, traslada al lector a aquel palacete, el Hotel de las Rosas, situado en el Paseo Izquierdo del Hipódromo, de tal manera que parece que cruzamos junto con los demás invitados el umbral de la verja que da paso al frondoso jardín. Prácticamente recién instalada, los invitados encuentran al entrar la fuente que perteneció a Francisco de Goya, y que Félix Granda adquirió en 1913. Quizá, dentro de la casa, esperan ya D. Miguel Bosch, el último de los fundadores de la Adoración Nocturna que seguía con vida, y el notario, el Sr. Arizcun, que levantaría acta de la entrega. D. Félix Granda, sus hermanas y su madre reciben a los recién llegados:

“Invitados por nuestro buen amigo don Andrés Maldonado, tuvimos el gusto de asistir ayer tarde á una hermosa fiesta celebrada en los Talleres del Arte, instalados en la casa del gran artista D. Félix Granda y Buylla, simpático y virtuoso sacerdote que los dirige.
La Adoración Nocturna (sección de Madres) abrió una suscripción para construir una Custodia, y fueron muchas las personas que para tal fin regalaron joyas y monedas de oro. La fundición del precioso metal de todos estos donativos, presenciada por el notario Sr. Arizcun, fué la causa de la fiesta de ayer, á la que concurrieron numerosas y distinguidas personas. 

Uno de los concurrentes era el único superviviente de los siete fundadores de la Adoración Nocturna, D. Miguel Bosch.”

 

Entrada al Hotel de Las Rosas, sede de los Talleres de Arte, desde el Paseo Izquierdo del Hipódromo (hoy Agustín de Bethancourt). C. 1910. Archivo Fundación Félix Granda.

La entrega y fundición de las joyas debió estar cargada de emoción, incluso revestida por cierta solemnidad. Pesadas, con toda seguridad, en la antigua balanza que aún hoy se conserva en los pasillos de nuestra institución, reunían entre todas 4,818 kg de oro, y fueron fundidas separadamente de las monedas de oro. Dos cadetes de Infantería, los señores Pedrero y Terán, fueron los encargados de arrojar al horno las alhajas, que tardaron 45 minutos en quedar convertidas en dos lingotes, “que pasaron de mano en mano de los circundantes”. El corresponsal prosigue la descripción con gran detalle:

“Se inventariaron después las monedas que eran: cinco de 100 pesetas, 41 de 80, una de 50, nueve de 40, 206 de 25, 57 de 20, 77 de 10, cuatro de 12,50 y 42 de cinco, más las 20 monedas de cinco duros, primer donativo recibido. 

Estas monedas fueron llevadas al csisol por todos los asistentes, siendo la primera depositada por el general del Bosch.

Cuando terminó la fundición da todo el oro entregado se pesaron los lingotes, que dieron un peso total —joyas y monedas— de 8 kilos y 643 gramos, cantidad de oro que, según afirmaba el fundidor, jamás había llegado á fundir él de una vez, ni cree que se haya fundido nunca en España, de no ser en la Casa de la Moneda.

Al verter el oro del crisol en el molde, el presidente de la Adoración pronunció un «Alabado sea el Santísimo Sacramento», al que todos los asistentes, descubiertos, respondieron con un «Por siempre
sea bendito y alabado».”

Las donaciones, sin embargo, no habían finalizado, recibiéndose en aquel momento “un estuche que contenia una cadena de oro, una gruesa amatista, alfileres de brillantes y otras piedras y alhajas que se valuaron en unas diez mil pesetas”, acaso aportación del propio anfitrión y su familia. En total, se había logrado recabar en metálico treinta y siete mil pesetas, además de alhajas y piedras preciosas cuyo valor se estimaba en sesenta y tres mil pesetas.

Finalizada la fundición, los asistentes recorrieron los edificios que conformaban los Talleres de Arte, como era costumbre que hicieran todos los que visitaban la empresa, finalizando con una merienda en el frondoso jardín:

“El Sr. Granda, en cuyos talleres trabajan 120 obreros, á los que personalmente dirige, enseñó después la hermosa casa y los talleres á las personas que allí se encontraban, pudiendo admirar todos
la riqueza y gusto con que todo está instalado y las obras valiosísimas que actualmente
se realizan, especialmente objetos de plata repujada, de un inestimable valor artístico.

(…)

La respetable madre del Sr. Granda, las hermanas de este gran artista y varias señoritas hicieron los honores á los invitados, sirviéndoles en el jardín de la casa un suculento lunch y una riquísima sidra champagne.”

La custodia que diseñó D. Félix Granda para la Adoración Nocturna era de una belleza, riqueza y novedad excepcional, que incorporaba en su diseño ecléctico elementos de estilo modernista. Estaba ubicada sobre un trono o expositor, también ricamente decorado. Se encontraba cargada de significados iconográficos, a veces de gran complejidad, que resulta sin embargo fácil descifrar gracias a haberse editado en su día un folleto en el que se recogía la carta explicativa del diseño que don Félix Granda envió al Sr. Maldonado. Diría Granda en este texto:

“Ha querido la Adoración Nocturna que con todas las ofertas, ricas y pobres, hiciese un trono para Cristo que fuese humilde obsequio de su amor; por lo tanto, en mi composición es un solo objeto el trono y la Custodia; deplata y piedras preciosas aquél, y ésta, como sitio que está más cerca de Él, como escabel de sus pies, de oro más finamente labrado y de más ricas piedras. 
En el pedestal, como sitio más apartado, los recuerdos del Antiguo Testamento, y la alusión a la Adoración Nocturna.
En la Custodia, el Nuevo Testamento.”

En la base de la custodia, formando el que quizá sea el elemento más excepcional de la composición, se distribuyen en tres gradas los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, que postrados, arrodillados y en pie ofrecen respectivamente las riquezas y el poder, simbolizados por coronas, las ciencias y las artes, simbolizadas por cítaras y las oraciones, representadas por pebeteros llenos de incienso. Las volutas de humo que surgen de los pebeteros ascienden hacia el viril conformando el fuste de la custodia, atraviesan una esfera estrellada (el orbe del universo) y rompen en una gran nube sobre la que un coro de ángeles y querubines conforman el arranque de la cabeza de la pieza, dispuestos simétricamente respecto al trono del Cordero. “Representamos en nuestra Custodia – dice Granda – los mundos como pedestal; los ángeles y querubes sostienen su trono y en su alrededor las nebulosas y las estrellas brillan y se mueven con movimiento elíptico; son los astros que su amor forma y sostiene su poder.”

El viril, como ocurre en otras piezas de Granda, se halla rodeado de brillantes y perlas como imagen de la luz, símbolo de la Fe. En torno a ellos, un círculo de esmeraldas, cuyo significado por su color afirma Granda ser “que la misericordia de Cristo no envejece, sino que siempre es nuevo su amor y que los que esperan en Él no serán confundidos.” La colocación de esmeraldas en torno al viril es también frecuente en Granda, si bien otras veces refiere que representan el arco de luz verde que rodea el trono en el Apocalipsis. Por último, un tercer arco de rubíes y granates simbolizan por su color rojo la Caridad. La custodia estaba finalmente coronada por una cruz patada de brillantes sobre un círculo de filigrana y rubíes. Bajo ella, el pelícano, símbolo de Cristo, alimenta a sus crías con su propia carne. Cinco piedras engastadas, posiblemente rubíes, representaban las gotas de sangre.

El modelo, con variaciones, fue repetido por Granda en otras piezas.

Custodia para la Adoración Nocturna de Madrid (1914). Detalle del pelícano y cruz que ciman la pieza. Talleres de Arte – Director Félix Granda. Archivo Fundación Félix Granda.

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Bibliografía:
– “La custodia de la Adoración Nocturna de Madrid”, El siglo futuro, año VIII, nº 2.902, 6 de julio de 1914, p. 2. Enlace al ejemplar en la Hemeroteca Nacional.

– GRANDA Y BUYLLA, Félix, Pbro., Custodia para la Adoración Nocturna, Talleres de Arte, Paseo Izquierdo del Hipódromo, Madrid, 1915.

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