Un pequeño misterio: la placa conmemorativa del Dr. Luis González Bravo

Mi 2020 estuvo prácticamente por completo ocupado por la redacción frenética de la tesis, por lo que no llegué nunca a comentar por aquí un interesantísimo lote que afloró en la subasta n.º 33 de marzo de 2020 de Abalarte Subastas (lote n.º 1738).

Eran varias las razones que lo hacían interesante. La primera de ellas, que no teníamos muy claro ante qué nos encontrábamos; y los misterios, por pequeños que puedan ser, ejercen siempre un gran atractivo.

Lo que llegó a Abalarte eran tres piezas de lo más curioso. Tenían forma de retablillos, pero resultaba evidente que aquella no era su configuración original, sino que alguno de sus propietarios la había alterado a lo largo de su historia. En ellas, se mezclaban elementos de muy buena calidad y bastante bien conservados con otros de menor valor, de estilo variado y de tipo religioso. A pesar de ello, con muy buen criterio, Patricia Dueñas identificó que debía tratarse de una pieza civil. Las incógnitas que se planteaban eran muchas. Parecía que las tres podían haber formado parte originalmente de una misma pieza, pero ¿qué tipo de objeto habría sido? ¿En qué fecha y para quién se había realizado? ¿Y qué forma tenía inicialmente? Por fin, en una de ellas, algo desgastada, apareció la marca de los Talleres de Arte.

Comencé a tratar de identificarla. Por la forma de los elementos que se conservaban, parecía una placa conmemorativa. Este tipo fue muy frecuente en la primera mitad del siglo XX y a él pertenecen algunas de las piezas de platería civil más destacadas de los Talleres de Arte. En el Archivo de los Talleres de Arte Granda (AFXG) apenas se conserva documentación escrita, pero sí un magnífico fondo fotográfico. Desafortunadamente, la mayor parte de las piezas que en él aparecen no están identificadas, por lo que, para hallar cualquier correspondencia, es necesario irlas revisando una por una. No todas las piezas quedaban documentadas, ni mucho menos, por lo que dar con una que esté inmortalizada en esas fotografías es un gran golpe de suerte.

En este caso, la suerte estuvo de nuestra parte. Entre los negativos sobre vidrio apareció una placa que, a pesar de que los elementos se habían redistribuido por completo, era indudablemente la pieza ante la que nos encontrábamos. Los Talleres de Arte no repetían piezas idénticas y, aun cuando se reproducía un mismo modelo, los detalles ornamentales siempre variaban, debido entre otras razones a que se ejecutaban a mano. La fotografía resolvía la incógnita sobre su aspecto original. Tenía una sobria estructura arquitectónica. En su basamento, apoyada sobre un pinjante con cabezas de carnero y guirnaldas y flanqueada por efebos con una lira, un cuerpo rematado con frontispicio presentaba un relieve con dos ancianos, uno en actitud de socorrer al otro. A ambos lados estaba decorado con chapas esmaltadas en champlevé. En el cuerpo superior, la inscripción estaba colocada entre dos chapas muy repujadas, con roleos de acanto y aves. En el entablamento del remate, estaban adosadas cuatro cabezas de león. La fotografía, en blanco y negro, no permitía apreciar ni los colores de los esmaltes ni el hecho de que tanto las planchas repujadas como las cabezas felinas estaban doradas, lo que creaba un bello efecto cromático en contraste con la plata en su color.

1918

El único elemento que faltaba en el conjunto de Abalarte era, precisamente, la chapa con la inscripción grabada. En la fotografía del AFXG la zona aparecía sobrexpuesta y no podía leerse. De nuevo, quiso la suerte que la prensa contemporánea se hiciera eco de la entrega de esta placa, por lo que averiguamos las circunstancias de su ejecución. Estaba relacionada con un hecho histórico que en aquel mes de febrero aún nos resultaba muy lejano, pero con el que, lamentablemente, pronto nos íbamos a sentir bastante identificados: la epidemia de gripe de 1918. Fue entregada a Luis González Bravo y Serrano (1855-1929), doctor experto en urología, por el Canal de Isabel II en memoria de su hijo, Luis González Bravo y Pedrajas (¿1892?-1918), doctor cirujano. Éste falleció el 28 de octubre de 1918, a la temprana edad de 26 años, víctima de la gripe, que contrajo atendiendo a los obreros del Canal de Isabel II enfermos en Mangirón, mientras era médico titular de Robledillo de la Jara (Madrid).

El lote se adjudicó por su precio de salida, de 700 euros. De nuevo, agradezco al personal de Abalarte y en particular a Patricia Dueñas sus facilidades para estudiar esta pieza. Podéis encontrar una descripción más completa en la ficha n.º 372 del catálogo que acompaña a mi tesis doctoral, que en algún momento se publicará en línea.

 

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